Nunca me fui.

Ahora tengo traje nuevo, el que se ve. Y mientras pienso qué escribir, intento acomodarme dentro de este traje, buscando dar de sí las costuras: encojo y ensancho la espalda; alargo los brazos para medir la longitud de los puños; me inclino, me acuclillo: see, es de mi talla.

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